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Es hora de cambiar el modelo: Las claves para superar la crisis educativa en Chile

Carolina Reyes Cristi, Psicóloga, Magíster en Psicología Educacional y fundadora del Colegio Monteluz

Es hora de cambiar el modelo: Las claves para superar la crisis educativa en Chile

En 2020, durante la pandemia, la educación evidenció de manera aún más clara y preocupante la profunda crisis que arrastra desde hace varias décadas. Estas dificultades en el sistema educativo están marcadas por la perpetuación de un Modelo Educativo que surge en la Revolución Industrial, hace ya más de dos siglos, caracterizado por una educación de tipo transmisiva, autoritaria, academicista, competitiva, analógica y estandarizada.

Bajo este modelo, es el profesor “quien sabe” y el alumno un ser pasivo que “recibe” la información, se enseña y evalúa a todos por igual, los mismos objetivos y contenidos y se prioriza el desarrollo intelectual, por sobre la formación emocional y personal.

Considero que el Modelo Educativo tradicional está obsoleto, debido a que no satisface las necesidades emocionales, espirituales y tampoco intelectuales de los escolares. Este hecho se ha manifestado en un aumento de las tasas de niños, niñas y jóvenes con desmotivación hacia el aprendizaje, estrés, ansiedad, fobia escolar, bullying y depresión.

Educación para una Nueva Humanidad

Desde este escenario, surge la necesidad de crear un Modelo Educativo diferente, acorde a las necesidades del mundo actual, pertinente a las características de las nuevas generaciones y coherente con la formación completa y holística de la persona en todas sus dimensiones: Cognitiva-Emocional-Espiritual-Social y Corporal.

Con el nuevo modelo llamado Educación para una Nueva Humanidad buscamos una metodología que favorezca el equilibrio en todas las áreas de la persona, desde la potenciación y el desarrollo del saber en todos sus ámbitos: Humanidades, Ciencias Lógicas, Artes y Movimiento, así como también, desde los ámbitos que atañen al desarrollo interno de la persona y su propia conciencia y comprensión emocional, logrando favorecer la conexión con el ser.

Diferencias entre el Modelo Tradicional y el Modelo para una Nueva Humanidad

Concepción del estudiante

En el modelo nuevo, los estudiantes son vistos como seres activos y participantes en su propio proceso de aprendizaje. Se les reconoce como responsables de su actuar, impulsando su capacidad de autogestión y autorregulación. El “buen comportamiento” no se mide únicamente por la obediencia, sino por la conciencia que el estudiante tiene de su propio comportamiento y su compromiso con lo que aprende.

En el modelo tradicional, los estudiantes son concebidos como seres pasivos y “recipientes” de la información que el profesor les transmite. El “buen comportamiento” se asocia con la obediencia a las normas del aula y la disciplina.

Concepción del profesor

El modelo nuevo presenta al profesor vinculándose con los estudiantes desde el respeto y la validación de su mundo emocional, promoviendo relaciones de tipo horizontal y colaborativo. El profesor no solo enseña, sino que también aprende junto con los estudiantes.

En contraste, en el modelo tradicional, el profesor sigue siendo la figura central y autoritaria en el aula. La relación es jerárquica y vertical, y la enseñanza se orienta principalmente a la transmisión de conocimientos académicos.

Plan de estudio

En el modelo nuevo, el plan de estudio se adapta a las individualidades de los estudiantes, reconociendo y potenciando sus habilidades e intereses. La evaluación se concibe como un proceso cualitativo y reflexivo, enfocado en el aprendizaje continuo y en la mejora. El error no es visto como un fracaso, sino como una oportunidad para el aprendizaje y el desarrollo de la metacognición.

Por el contrario, el modelo tradicional tiende a homogeneizar el proceso educativo. La evaluación se enfoca principalmente en la calificación cuantitativa y en la medición de los resultados finales.

Un llamado urgente al cambio

Quiero ser enfática en señalar que la educación necesita urgentemente un cambio hacia un modelo más integral y humanista, que valore no solo el conocimiento académico, sino también el desarrollo emocional, social y espiritual de los estudiantes. Es imprescindible pasar de un sistema autoritario y estandarizado a uno centrado en el alumno, donde se fomente su participación activa y su responsabilidad en el aprendizaje. Solo así podremos formar individuos completos, preparados para afrontar los retos del siglo XXI con empatía, autoconocimiento y creatividad.

Entendemos el contexto de la educación pública en Chile, donde generalmente hay más de 40 alumnos por sala, lo que dificulta aún más la implementación de una educación integral y de calidad. Por ello, es esencial un cambio estructural profundo, en el cual el Estado invierta recursos y promueva un modelo más flexible, inclusivo y personalizado, que permita tanto a los estudiantes y profesores contar con las condiciones necesarias para desarrollar plenamente sus habilidades.


Columna de opinión publicada originalmente en El Mostrador.