Durante su participación en un programa de televisión, el conductor Rafael Araneda reveló que monitorea la ubicación en tiempo real de todos sus hijos a través de una aplicación móvil. Explicó que esta medida fue tomada en conjunto con su esposa y que todos los integrantes de la familia, incluido él mismo, forman parte del sistema de geolocalización.
“Lo manejamos por medio de una aplicación; todos nuestros hijos aceptaron, a regañadientes, tener su ubicación online. En el fondo, es para saber dónde están”, explicó. La razón principal, según él, no es el control sino la tranquilidad: “es para cuando te vas a dormir en la noche, saber que están en la casa”.
En redes sociales la opinión se dividió. Mientras algunos aplaudieron la decisión como medida de seguridad responsable, otros cuestionaron el efecto que puede tener en la confianza y la autonomía de los hijos.
Qué opinan las especialistas
Según Carolina Reyes Cristi, psicóloga y fundadora de Colegio Monteluz, el uso de estas aplicaciones no es negativo en sí mismo, pero su implementación debe manejarse con cuidado. “Esto siempre surge desde la necesidad de los papás de cuidar y proteger, más que controlar. Es muy importante transparentarlo con los adolescentes”, señaló.
Reyes explicó que esta etapa de la vida está marcada por la construcción de identidad, la independencia y el establecimiento de límites. Por eso, la clave está en el diálogo: “si se transmite como una herramienta de apoyo en caso de emergencias, y no como una vigilancia constante, no debería haber conflicto”.
La especialista subrayó que el consentimiento informado y la participación de los hijos en la decisión es fundamental: “la relación debe basarse en la confianza mutua. Si se usa para controlar, desde la desconfianza, puede romper la relación familiar”.
En la misma nota, la psicóloga Javiera Aguirre, de Clínica Las Condes, coincidió en que estas herramientas pueden ofrecer seguridad a los padres, pero también presentan riesgos: un uso inapropiado puede generar una sensación de invasión a la privacidad, provocar conductas oposicionistas en los adolescentes o fomentar una dependencia emocional poco saludable.
Ambas especialistas coinciden en que estas aplicaciones deben ser parte de una estrategia familiar basada en acuerdos, confianza y comunicación. El objetivo no debe ser controlar, sino acompañar con respeto.
Artículo publicado originalmente en BioBioChile.